Erradicar la pobreza: A más de 9 millones de mexicanos no les alcanza para vivir

Redacción

Aguascalientes, Ags.-En México, la sociedad debe ocupar un lugar central en las decisiones políticas. En este mundo globalizado y en constante cambio, es imperativo enfocar nuestros esfuerzos y recursos en el bienestar y progreso de la comunidad. La política no debe ser un fin en sí misma, sino un medio para mejorar la vida de las personas, la política debe tener como principio fundamental el bienestar de la sociedad, todas las acciones y decisiones impactan en la vida de los ciudadanos.

Anteponer el interés colectivo desde la visión del Estado es la fuente de legitimidad del quehacer político cotidiano, las decisiones, acciones y programas deben obedecer y reflejar las necesidades y aspiraciones de la sociedad, sin estar sujetas a presiones externas, a intereses económicos globales o a ambiciones locales.

En México, en los últimos años, hemos presenciado un replanteamiento del ejercicio público que ha dado prioridad, de manera frontal, a la política sobre la economía, favoreciendo lo público sobre lo privado. A pesar de los esfuerzos, la desigualdad y la pobreza siguen siendo desafíos persistentes en el país. La brecha económica entre los diversos estratos sociales se ha ampliado con el tiempo, dejando a una gran parte de la población no solo en situación de pobreza, sino en una dolorosa pobreza extrema. El Estado, entiendiéndose todo el aparato en sus diversos ámbitos de competencia, debe orientar su accionar hacia la reducción de estas brechas y la creación de oportunidades para todos los mexicanos.

El modelo de Estado centrado exclusivamente en la inversión en el mercado no ha logrado equilibrar esta disparidad social, tampoco ha sido la solución un Estado paternalista que limite la competencia y participación individual en el crecimiento económico y prioriza la estatización de los medios de producción.

Reconocer esta realidad es el primer paso para comprender, reconsiderar y, en su caso, fortalecer una política pública estatal que frene el deterioro y fomente el desarrollo

económico de los grupos más vulnerables que se encuentran en situación de pobreza y pobreza extrema, desde una perspectiva dual, en la que exista un Estado fuerte acompañado de una fuerza económica social y privada consolidada.

Actualmente, México sufre de una alarmante tasa de pobreza, con un 43.9% de mexicanos en esta situación en 2020, lo que representa a 55.7 millones de personas. Aun más desgarrador es el 7.1% de la población que vive en pobreza extrema, sumando un doloroso número de 9.1 millones de mexicanos en esta condición, mismos que no cuentan con los medios para atender las necesidades más básicas para su vida.

Abordar esta desigualdad es fundamental para cumplir con el primer objetivo de la Agenda 2030, que busca poner fin al hambre en el mundo, un compromiso del Estado mexicano asumido en el contexto internacional. Este compromiso debe traducirse en acciones locales que garanticen el acceso a condiciones de desarrollo y oportunidades para los ciudadanos. El primer gran desafío es hacer asequibles los productos de la canasta básica y generar oportunidades de ingresos que permitan satisfacer las necesidades en los hogares.

Si bien es cierto que las acciones del actual gobierno federal, como el apoyo a los adultos mayores y los programas de becas, así como los programas de los diferentes niveles de gobierno en apoyos alimentarios y otros programas, han disminuido la cantidad de personas en situación de pobreza, estas políticas asistencialistas deben consolidarse y ampliarse como política pública de reconstrucción de las condiciones básicas de vida en esos millones de familias que necesitan el impulso del Estado. No pasa desapercibido que dentro de las razones de la disminución de la pobreza extrema se suman las remesas de los mexicanos en el extranjero que llegan a millones de hogares en nuestro territorio.

Pero, es crucial no limitar la mirada a solamente programas sociales como freno a la caída de las condiciones de los mexicanos, es fundamental impulsar el crecimiento económico a través de la inversión pública en el desarrollo y alentar la inversión privada, así como revisar el marco normativo para fomentar el emprendedurismo y la generación de empleo y riqueza en nuestro país, esa es y será la principal base social, para lograr el crecimiento sostenido de una nación y sobre todo, mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Es hora de cerrar filas en torno a México y su gente, en lugar de enfocarnos en intereses partidistas o personales, debemos priorizar a la sociedad y actuar en su beneficio. La política debe convertirse en un instrumento para la construcción de un México más justo, igualitario y próspero. Al poner a la gente en el centro de las decisiones, podemos forjar un futuro más prometedor para todos los mexicanos.

Es hora de que los líderes políticos pongan a un lado sus agendas partidistas y miren más allá de sus propios intereses. Debemos recordar que la política no debe ser un juego de poder, sino un medio para el progreso y el bienestar de la gente. La apatía hacia los problemas reales de México y el desinterés en la erradicación de la pobreza no pueden continuar.

La sociedad merece actores políticos y económicos que trabajen juntos, superando las diferencias ideológicas, en aras de un México más justo e igualitario. Necesitamos una política que esté verdaderamente centrada en la población y que responda a sus necesidades, sin olvidar ni mucho menos excluir el crecimiento económico. Romper las cadenas de la polarización es esencial para lograrlo.

Debemos reavivar el espíritu de servicio a México, recordando que la verdadera grandeza de una nación se mide por cómo cuida de sus ciudadanos más vulnerables. A medida que nos esforzamos por erradicar la pobreza extrema y construir un México mejor, no debemos permitir que la polarización y la falta de interés nos detengan. Nuestro país merece más, y está en nuestras manos hacerlo realidad.

La política debe ser un medio para un fin superior: el bienestar y la prosperidad de la sociedad mexicana. Es nuestro deber, como ciudadanos dar prioridad a México y actuar con determinación en su beneficio.