Ojo oposición

Lourdes Mendoza / El Financiero

Si atendemos a la anatomía de la democracia, el populismo no es su alternativa, sino el espacio en el que este tipo de regímenes crecen y se reproducen. Es la bacteria que enferma al cuerpo. Y, claro está, si el cuerpo muere, la bacteria también.

En la elección de 2018, se castigó al gobierno de EPN y al PRI. Los electores votaron en contra de, probablemente, el gobierno más corrupto de nuestra historia, y fue un castigo contundente. Buena parte de los votantes indecisos que le llegaron al final a López Obrador y que explican el inédito resultado del 53 por ciento fueron, sin duda, ciudadanos cansados de la corrupción que no vieron en el PAN o en el Frente por México una posibilidad real de sacar al PRI del gobierno.

Hoy en día, intentar pensar quién o quiénes llegarán al 24 es una sandez, una total y absurda pérdida de tiempo, pues sin 21, simplemente no hay 24. Es decir, si las oposiciones no logran reducir la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados, su capacidad para competir por la presidencia en el 24 será francamente baja. Además, súmele que esa elección intermedia es histórica, pues además del Congreso estarán en juego 13 gubernaturas –Colima, Guerrero, Michoacán, Querétaro, Sinaloa, San Luis Potosí, Nayarit, Campeche, Sonora, Zacatecas, Baja California Sur, Chihuahua y Tlaxcala– léase el 40 por ciento de los estados.

Y si la Suprema Corte invalida la triquiñuela de extender el mandato al gobernador electo, habrá que agregar a Baja California a la lista.

Que Morena es invencible es una afirmación totalmente errónea. Los números son fríos y en las pasadas elecciones donde se eligieron dos gobernadores, congresos y presidentes municipales en seis estados, Morena tuvo 3 millones de votos menos de lo que obtuvo en 2018; es decir, cayó en dichos estados: de tener un 52 a un 29 por ciento. El PRI se mantuvo con un 14 por ciento y el PAN creció de 24 a 34 por ciento.

Siendo aún más específica: en Puebla, Barbosa con Andrés en la boleta tuvo 1 millón de votos; sin Andrés, 700 mil, y si se llevó el estado fue porque iba en alianza con el Verde, ya que sólo con los votos de Morena hubiera perdido. De hecho, Morena perdió toda la zona urbana de la capital. Lo que no está en tela de juicio es que el Presidente es un hombre que usa el poder que asfixia, que deja poco espacio u oxígeno.

Lo que está en juego es la continuidad del régimen democrático que hemos venido construyendo a través de los años, desde los setenta para ser precisa. Ya castigamos a Peña, ahora debemos de valorar si queremos tirar a la basura la estabilidad económica del país, a las instituciones, el sistema de partidos, los órganos electorales, la independencia de la SCJN y la autonomía del propio Banxico. Puesto que, por lo visto y vivido durante estos meses de la 4T, este gobierno quiere destruir todo lo hecho y comenzar de nuevo. Lo que no está claro es qué tipo de régimen político pretenden construir.

Ejemplos sobran, como las iniciativas propuestas por Morena: la Ley de Extinción de Dominio, la cual te quita y después averigua; la fiscal, que nos convierte en parte del crimen organizado si nuestro contador se equivoca al presentar la declaración de impuestos. Bueno, ni cómo no mencionar la ley Bonilla, que viola todo precepto legal. O los cambios a la reforma educativa, un retroceso que nos va a costar toda una generación de mexicanos.

Despreciar a la oposición como lo estamos haciendo no es lo correcto. Nuestros legisladores han estado haciendo su chamba, bueno, salvo Moreira y sus dos diputados que votaron a favor de la revocación de mandato para hacerle el caldo gordo a Morena, pero se paró en el Senado.

Así pues, en el 21 podemos equilibrar mejor el Congreso. Los panistas de la extrema derecha, que en sus sueños guajiros aseguran que si le dan una patada al PRI hoy, se quedarán solos contra Morena para el 24, deberían estar más preocupados por unir al PAN y recuperar a los que se fueron.

Y los propios empresarios, que afortunadamente se empiezan a activar, deben reconocer que los partidos siguen siendo relevantes para la activación y movilización del voto, así como para competir electoralmente con un gobierno que usará el dinero público y los programas sociales para cultivar sus clientelas electorales.

A todos ellos les recuerdo: sin 21 no hay 24, y, ojo, Morena tiene tanto porcentaje que cualquier partido se convierte en su fiel de la balanza.

En resumen: el tema de fondo es que la 4T necesita un referente de comparación y no es el de EPN, sino la larga transición mexicana por la cual lucharon Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos, Luis H. Álvarez, Clouthier, el propio Andrés, Marcelo Ebrard, Los Chuchos, Felipe Calderón, etcétera, y quienes sin sangre de por medio contribuyeron a que el país dejara atrás los 70 años de autoritarismo del PRI.

La pregunta eje es entonces: ¿cuál es el régimen político que la 4T nos ofrece a futuro?

Aquí la opinión:

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/lourdes-mendoza/sin-21-no-hay-24