La influencia de la Sedena en las elecciones del 2024

La influencia de la Sedena en las elecciones del 2024

Ana María Salazar / El Financiero

La Sedena definirá quién será el siguiente presidente de México. Específicamente, será el secretario de la Defensa, con sus actos, decisiones y omisiones, quien más influencia tendrá en quién ganará las elecciones en 2024.

El general secretario Luis Crescencio Sandoval se encontrará en una situación imposible para cualquier militar, sin importar el rango: seguir las órdenes del comandante en jefe de ejecutar acciones que probablemente son inconstitucionales o ilegales, pero que podrían definir quién será el siguiente comandante en jefe en 2024.

En una entrega anterior, en este espacio, les comenté que la definición de quién será el candidato o candidata de López Obrador se asemejará a una lucha a muerte de gladiadores. “Un Coliseo romano, bajo la supervisión y el beneplácito del emperador. Él observa, divertido, la batalla entre sus mejores candidatos gladiadores, sabiendo perfectamente que él tiene control sobre quién sobrevivirá y quién morirá políticamente”.

También, en este mismo espacio, señalé hace algunas semanas la debilidad de la oposición y las dificultades que enfrentará para encontrar un candidato para la alianza y que pueda enfrentar al tsunami político de Morena, la 4T y el mismo presidente.

En 2024, el candidato de la Alianza no puede ganar, pero sí puede perder el candidato de Andrés Manuel. Serán las guerras intestinas dentro de Morena y la incapacidad del presidente de controlar el proceso de selección que definirá la fortaleza o la debilidad del candidato o candidata de Moren, perdón de AMLO.

Por lo mismo, parte del problema que enfrenta el presidente es cómo asegurar que para 2024 pueda tener suficiente gobernabilidad en el país y control sobre el proceso electoral, que pueda asegurar que su delfín asegure su legado y la cuarta transformación.

¿Y por qué es tan importante el secretario de la Defensa?

Porque ante la militarización de todas las actividades que son prioridad para el presidente, la sistemática destrucción de instituciones que han sido fundamentales para la gobernanza en México, el incremento de la violencia en el país y del control territorial del crimen organizado, y la desesperación y el enojo ante el fracaso de la estrategia para enfrentar el crimen organizado, la llave del futuro de la 4T está en manos de la Sedena.

Y el que tendrá que tomar la difícil determinación de apoyar al presidente, aún en decisiones que son claramente las incorrectas (negligentes) y que ponen en riesgo la gobernabilidad y seguridad del país, es el secretario de la Defensa.

En sexenios anteriores, las decisiones y ordenes difíciles en materia de gobernabilidad eran la responsabilidad política del secretario de Gobernación, quien asumía los costos políticos y protegía al presidente. Ahora esta secretaría, bajo el mando de Olga Sánchez Cordero, ha tomado distancia de todas las decisiones difíciles en materia de seguridad. Claramente esta secretaria no tiene intenciones de acompañar al presidente cuando el barco se vaya a pique. La responsabilidad política, operacional e histórica caerá en manos del secretario de la Defensa. Esto es el resultado de la militarización de las actividades más importantes del estado y la incapacidad del secretario de decirle NO al presidente de México.

Algunos lectores argumentarán que no será la primera vez que un presidente ordene al secretario de la Defensa, de la Marina, el Cisen y la Policía Federal llevar a cabo operaciones y actividades de espionaje político justificado bajo el rubro de seguridad nacional o gobernabilidad. Pero en el pasado, la responsabilidad política y legal eran del secretario de Gobernación. Ahora, con la participación de las Fuerzas Armadas en casi todas las actividades relacionadas con la gobernabilidad del país, el fracaso del presidente en materia de seguridad, economía y salud estarán directamente vinculados a las actividades de las Fuerzas Armadas. Y la corrupción que acompaña a estas actividades, la culpabilidad y responsabilidad política y legal caerán directamente en las manos del secretario de la Defensa. Y las autoridades civiles no saldrán a rescatar a sus Fuerzas Armadas.

Y si, en materia de seguridad, el hecho de que el presidente dejara que las organizaciones criminales crecieran y controlaran más territorios, empujará al presidente a iniciar una ‘guerra’ o simplemente dejaran la población a merced de los violentos.

Y no será la primera vez que un presidente busque apoyarse en sus Fuerzas Armadas en asegurar la gobernabilidad y el éxito electoral. Pero la cultura de la transparencia, y el monopolio que tiene la Sedena en la mayoría de las actividades en el país, resultará en que el secretario de la Defensa sea el chivo expiatorio del fracaso de la cuarta transformación.

Sugerencia para el secretario de la Defensa: rodearse de un batallón de abogados.