Esta es la explicación de la obsesión a las “selfies”

Esta es la explicación de la obsesión a las “selfies”

Redacción

Las “selfies” se han hecho casi indispensables si de guardar recuerdos se trata, sin embargo, hay quienes pareciera que han creado una especie de obsesión a tomarse fotografías en cada momento del día. ¿A qué se debe eso? La respuesta está en nuestro cerebro, la atención y sus efectos especiales.

La atención es un mecanismo que nos ayuda a filtrar información que continuamente nos llega a través de nuestros sentidos. Por ejemplo, si escuchamos nuestro nombre en medio de una conversación ajena, nuestra atención se “engancha” en eso. Algo similar pasa con nuestra identidad, nuestro rostro, también goza de esta ventaja de procesamiento. Y esto se relaciona con el Efecto Narciso.

El laboratorio de Neurociencia Cognitiva, ubicado en la Universidad Autónoma de Madrid dio un paso más allá y, con el uso de electroencefalografía, una herramienta que permite conocer la actividad eléctrica que emiten las neuronas, se detectó algo importante:

Al percibir nuestra propia imagen se desencadena un juego atencional en dos tiempos. En un primer momento, la atención orientada hacia el yo impulsa el acceso a la información autobiográfica (de dónde soy, cómo me llamo, etc.), permitiéndonos reconocernos más rápidamente. Aunque lo más fascinante es lo que sucede después. Tras el autorreconocimiento, se produce una movilización de nuestros recursos cognitivos a las áreas cerebrales que están especializadas en el procesamiento facial (como el giro fusiforme), lo que se traduce en un “enganche” atencional hacia nuestra propia cara. Por eso nuestro propio rostro tiene la capacidad de secuestrar y retener nuestra atención durante más tiempo en comparación a otras caras que también conocemos.

A una conclusión similar llegaron también hace unos años neurocientíficos belgas y holandeses a través de un estudio de eye-tracker, una herramienta de rastreo visual. En él se evidenció la dificultad que tenían los participantes para desenganchar la mirada, y por tanto la atención, de su propia cara una vez que la detectaban entre otras.

En definitiva, todo apunta a que, al igual que el pobre Narciso, en cierta manera también nosotros nos quedamos atrapados en nuestro propio reflejo.

Con información de Tecnovedosos