Protestan contra Billy Álvarez en la FGR

Opacidad, riesgos y problemas que envuelven a La Máquina

Proceso

Ciudad de México.- La pugna interna por el control de la Cooperativa La Cruz Azul SCL, que desde 2010 encabezan gerentes contra su director general, Guillermo Billy Álvarez Cuevas, ha dejado al descubierto maniobras de venta y despojo sobre el equipo de fútbol.

En 30 años bajo su mando, la principal figura de la cooperativa y del plantel ahora denominado Cruz Azul Futbol Club A.C., apenas ha levantado un título de liga de los ocho que posee.

Encargados de recomponer el tejido social de la entidad cementera, contratados por el Consejo de Administración anterior que presidía Armando Valverde Talango, los abogados Jorge y Eugenio Olvera plantean que la reestructuración sólo será posible mediante una transición.

De acuerdo con los defensores, entre los episodios de este enfrentamiento fratricida destaca la cuestionada cesión de la marca “Cruz Azul”, patrimonio de la cooperativa.

El 1 de diciembre de 2011, Billy Álvarez celebró un contrato mercantil de cesión de marca entre el Club Deportivo Social y Cultural Cruz Azul A.C., y Cruz Azul Futbol Club A.C., en el cual la primera otorgó a la segunda “todos los derechos que detenta sobre los signos distintivos de la marca Cruz Azul, incluyendo derechos de uso previo que le pudieran corresponder”, según la primera cláusula del convenio que Proceso (número 1909) dio a conocer.

El contrato causó controversia entre los cooperativistas porque fue ejecutado por Álvarez Cuevas en su carácter de director general de la cooperativa y presidente del Club Deportivo Social y Cultural A.C., y, al mismo tiempo, como presidente de la parte beneficiada: Cruz Azul F.C.

Ambos aclaran que cuando Álvarez se presenta como director general de la cooperativa, en 2011, ya había sido destituido del cargo (Proceso número 1909).

La segunda condición del convenio refiere que Cruz Azul Futbol Club será el único titular de los “signos distintivos”, perdiendo el Club Deportivo Social y Cultural “todo interés legítimo sobre los mismos”.

La cuarta disposición indica que el Club Deportivo Social y Cultural se abstendrá de solicitar ante el Instituto Mexicano de la Propiedad, o ante cualquier otra autoridad competente, los signos distintivos iguales o similares en grado de confusión a “los signos distintivos”. De acuerdo con el portal Transfermarkt, la marca Cruz Azul está valuada en 52.30 millones de euros.

En el acta constitutiva de Cruz Azul Futbol Club, protocolizada el 29 de julio de 2011 ante el titular de la Notaría 197 del Distrito Federal –ahora Ciudad de México–, Guillermo Álvarez aparece como la cabeza del consejo directivo; José Antonio Marín Gutiérrez como su secretario y Raúl Antonio Enríquez como vocal.

Marín, quien se ostentó como presidente del Consejo de Administración (plaza que ocupó el disidente Armando Valverde Talango), se mantiene en el cargo para el que fue designado formalmente el 29 de septiembre de 2018.

Pese a la sentencia de un juez para devolver la marca al Club Deportivo Social y Cultural Cruz Azul, el litigio continúa en los tribunales. El problema, advierten los abogados, “es que existe una franca intención del movimiento ‘CruzHada Libres y Poderosas’ de adueñarse del club deportivo”.

Eugenio Olvera denuncia que esta asociación civil creada a finales de 2018 por las esposas de los mandos altos y medios de la cooperativa “tiene el único propósito de absorber al Cruz Azul F.C., a sabiendas de que es una sociedad condenada a la extinción y que el Club Deportivo Social y Cultural Cruz Azul se quedó sin patrimonio”.

Destaca que la organización de las esposas de los cooperativistas tiene el mismo objeto social que el Club Deportivo Social: “Educación, formación, servicios de entretenimiento, actividades deportivas, culturales y sociales”.

Esta asociación, agrega, “está muy bien asesorada en imagen y publicidad, pese a vivir de donativos”.

Eugenio también habla del origen de los recursos que sostienen a CruzHada: “El dinero viene de Azul Cerámica, otra de estas empresas satélites de crecimiento horizontal de la cooperativa, dirigida por Víctor Manuel Velázquez Rangel, quien simultáneamente ocupa un puesto directivo. Es director comercial de la cooperativa y presidente del Consejo de Vigilancia”.

Los Olvera señalan además los gastos exorbitantes de la organización en el marco de la pugna intestina. Por ejemplo, el Consejo de Administración de la cooperativa ha destinado cerca de 5 mil millones de pesos desde 2010 para gastos administrativos y pagos de abogados.

“Es decir, el monto es más de lo que costó el nuevo estadio de beisbol del empresario Alfredo Harp Helú (poco más de 3 mil 500 millones de pesos).

La Máquina, fundada el 22 de marzo de 1927, es el único de los 18 clubes de la Liga Mx que no tiene un estadio propio, pero se le considera uno de los equipos grandes del futbol mexicano, a lado de Chivas, América y Pumas.

Parte del diagnóstico de los abogados habla de la manera en que la cooperativa inyecta entre 600 y 900 millones de pesos anuales al equipo de futbol magro en resultados. El problema, advierten, es que desde 2010 no hay reportes sobre los estados financieros y “eso abre la puerta a malos manejos. El dinero que cambia de manos no necesariamente regresa a la cooperativa”.

En entrevista con Proceso, ambos abogados revelan el intento del actual Consejo de Administración –opositor a Álvarez– por pretender la venta del equipo el año pasado, bajo el argumento de que su sostenimiento es demasiado oneroso.

Opacidad y riesgos

Para los abogados Olvera, la venta de la marca “Cruz Azul” es el mayor ejemplo de opacidad en la gestión de Álvarez porque se desconoce el monto de la transferencia.

“Firmó este contrato a nombre de ­todos los socios. ¿Y a qué hora les preguntó? ¿Cuándo se hizo la asamblea para tratar la cesión de la marca? ¿Cuánto dieron por la marca y quién recibió el dinero?

“La Ley General de Sociedades Cooperativas no lo permite. Y (el móvil de) la venta está peor: la marca la vendieron entre ellos. Fue una absoluta simulación porque nadie pagó. Sin embargo, ellos acuerdan una ‘sesión onerosa’”, reclama Jorge Olvera, padre de Eugenio.

El 30 de abril de 2013, el consejo disidente, encabezado por Armando Valverde, presentó una demanda ante el juez sexto de Distrito en Materia Civil en el Distrito Federal, relacionada con los juicios mercantiles 136/2011 y 360/2011 y en el que pide la nulidad del contrato mercantil de cesión de marca y “los signos distintivos” entre el Club Deportivo Social y Cultural Cruz Azul y Cruz Azul Futbol Club (Proceso número 1909).

Posteriormente se dio a conocer el fallo que declara la inexistencia jurídica de Cruz Azul Futbol Club, misma que quedó firme en el Juzgado Primero de Distrito en Materia Civil y Administrativa de la Ciudad de México. Por ese dictamen, el Consejo de Administración y el Consejo de Vigilancia están obligados a devolver la marca. Acto que no se ha concretado.

“Ni siquiera le han rendido cuentas al juzgado. Están en falta. Ese es motivo de la condena para Guillermo Álvarez, Enríquez y Marín. Simple y llanamente el juez les ordena: ‘Aquí hubo una sesión onerosa, te requiero para que me digas ¿cuánto te pagaron?, ¿dónde están los anexos –del contrato-, la factura y a quién se le entregó el dinero? Te requiero para que me los ­exhibas y también los exhibas a los socios’.

“No lo han hecho porque se trata de un fraude absoluto, un despojo del patrimonio al antiguo club”, denuncia Jorge Olvera.

Ante el fracaso deportivo de Guillermo Álvarez, los abogados coinciden en que no hay interés legítimo ni genuino para arreglar los problemas al interior del club de futbol ni de hacerlo campeón.

“El único agente unificador para que todavía no haya muertos en la cooperativa se llama Guillermo Álvarez, simplemente porque estando ahí es como el padre de una familia disfuncional que aún está vivo.

“En el momento que no esté, los hijos se pelearán por la herencia y se empiezan a matar –advierte Jorge Olvera–. La existencia de Billy Álvarez les estorba. Ya le es incómoda porque el poder que él ejercía ahora ellos lo están ejerciendo. Es un avasalle que involucra precisamente al club deportivo.”

Jorge y eugenio agregan que si pudieran resumir la cooperativa de la Cruz Azul en una frase sería: “Hay una partida de zopilotes. Hay un grupúsculo dentro de la cooperativa. Son los órganos directivos: los jefes de planta, no más de 50 socios y los de afuera que no tienen llenadera”.

Este reportaje se publicó el 31 de marzo de 2019 en la edición 2213 de la revista Proceso

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