Poli Délano (1936-2017), quien vivió casi una década en México, fue reconocido aquí con el Premio Nacional de Cuento

Murió Poli Délano, exponente de las letras latinoamericanas

La Jornada

CDMX.- Considerado uno de los mejores escritores latinoamericanos, Poli Délano falleció en la madrugada del jueves a los 81 años, en un hospital de Santiago, informó la Sociedad de Escritores de Chile.

El novelista estuvo exiliado por casi una década en México, país donde desarrolló con más fuerza su trabajo literario.

Nació en Madrid, en 1936, y se naturalizó chileno. Délano también se desempeñó como profesor en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile de 1962 a 1973, cargo que debió abandonar al salir del país tras el golpe militar.

En 1976 el escritor y poeta Roberto Bolaño Ávalos (1953-2003) entrevistó a su compatriota Poli Délano para la revista Plural, donde éste, también dramaturgo, reveló su gusto e incursión en la literatura. Algunas de las preguntas más relevantes fueron:

–¿Cómo te inicias en la narrativa, en las letras? ¿Cuáles son tus posiciones, los puntos de arranque de tu generación y en particular en ti?

–Casi podría decir que la primera motivación que tuve para escribir fue un estímulo material. No se trataba de dinero, sino de un viaje. En un periódico de la izquierda chilena había leído que se abría un concurso internacional (podían participar de todos los países y todos los idiomas) para una obra de teatro y que el premio era un viaje a un festival de la juventud que se iba a efectuar, me parece, en Bucarest.

–¿Qué edad tenías entonces?

–Dieciséis. Entonces pensé… un viaje a Bucarest, ¡fantástico!, dije con un optimismo sumamente ciego. Si hay que escribir, escribimos. Y me puse a la máquina y empecé a inventar personajes y poner lo que decían… Finalmente, no fui a Bucarest, pero me ocurrió algo más importante: al estar inventando cosas que hacían y decían los personajes de ese dramita, descubrí que me gustaba mucho estar escribiendo, ese fue el despegue.

Obsesiones y viejos dolores

–Poli, para ti como cuentista, ¿qué es contar?

–Eso es más o menos complejo. Desde un punto de vista primitivo, para mí escribir un cuento es nada más que narrar una historia desde su principio hasta su final. Así ha sido la narrativa durante siglos. Claro que una cosa es contar una historia bien, con toda la sal y pimienta que la haga disfrutable: con la profundidad que la convierta en un micromundo. Contar bien una historia involucra una serie de complejidades.

–Alguien te ha mencionado que en el libro Dos lagartos en una botella no se ven las últimas experiencias que ha vivido Chile.

–Yo no nací con la dictadura de Pinochet, yo había nacido mucho antes. Quiero decir, no puedo escribir partiendo desde el golpe militar. No puedo escribir únicamente sobre el exilio. He escrito y sigo escribiendo sobre el exilio. Pero como yo vivía desde mucho antes, también me afloran otras cosas, personajes de otras épocas, historias que persisten desde la infancia, obsesiones, viejos dolores.

–¿Hay algo más que quieras decir?

–Sí, que estoy un poco cansado porque llevamos como tres horas hablando de temas forzados; forzados en el sentido de que esto es una entrevista y que hay que estar alerta. Pero me gustaría decir que al correr la cinta se le pasan a uno muchas cosas que luego quisiera decir.

Al respecto Mario Casasús, periodista del diario El Clarín de Chile, cuestionó la semana pasada a Jaime Labastida (entonces director de la revista Plural, segunda época) sobre su impresión de aquel texto de Roberto Bolaño, y éste respondió: “Fui editor de muchos escritores jóvenes, ellos se acercaban a mí, porque Plural era un medio abierto que los recibía con los brazos abiertos. Roberto Bolaño después adquirió gran fama por su escritura y forma de vida, me enorgullezco de haber publicado varios textos de Roberto.”

Entre las obras más representativas de Délano figuran: Gente solitaria, Santiago, Amaneció nublado, Cero a la izquierda y Cambio de Máscara. En México publicó tres libros: El dedo en la llaga, (1974); Sin morir del todo (1975) y Dos lagartos en una botella (1976), con este último obtuvo el Premio Nacional de Cuento en 1975.

 

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