La trágica historia detrás de una de las mejores canciones de Caifanes

La trágica historia detrás de una de las mejores canciones de Caifanes

Cultura Colectiva

Ciudad de México.- El pensamiento general que se tiene sobre el talento de las personas que se dedican al arte es que son más sensibles que el resto, que están más expuestos a cualquier estímulo y que, sencillamente, son demasiado emocionales. Y aunque en algunos casos sea real que los artistas posean más emociones y que necesiten de ciertos medios para poder lidiar con ellas, lo cierto es que muchas de las cosas bellas de las que podemos disfrutar provienen de historias trágicas.

Saúl Hernandez ha sido llamado el Dios del rock mexicano debido a su larga trayectoria en la escena musical, y también se ha contado que sus éxitos fueron un golpe de suerte, una llamarada que nunca llegó a extinguirse. Sin embargo, por mucho que nos esforcemos en imaginar de dónde viene toda esa inspiración y que el cantante confiese que, aunque no terminó la preparatoria le gusta leer e inspira sus letras en autores como Jaime Sabines, Margarita Michelena, David Bowie, John Lennon, Octavio Paz o Benito Taibo, la realidad de su éxito se oculta bajo una mortaja.

Nunca ha dado detalles, quizá porque se trata de un tema bastante delicado, pero lo que sí sabemos porque lo ha afirmado en numerosas ocasiones es que la muerte ha estado más presente de lo que le hubiera gustado: empezó con su mamá cuando tenía ocho años, después su padre y al final una de sus hermanas:

«Lamentablemente la muerte ha estado muy presente en mi vida. Mis padres, mi hermana… Sólo quedamos una hermana y yo. Tengo cierta relación con la muerte, ya nos conocemos. Ya nos hemos visto las caras. Quizás me haya puesto una alarma en el subconsciente que me indica que, finalmente, sí, nuestro tiempo es mortal». Esto fue lo que dijo cuando se le entrevistó sobre la temática de su álbum solista Mortal.

Cada que le preguntan al autor la relación que tiene con la muerte, dice sin ambages que son viejos conocidos:

«Veo a la muerte como aliada, no como algo misterioso o lejano sino como un viejo conocido. Varias de mis canciones tienen que ver con ese acercamiento y diálogo, con ese ser que es la muerte. Canciones como “Mátenme porque me muero”,” Adiós”, “Amárrate a una escoba y vuela lejos” y “Será por eso”».

Quizá sí se trata de algo a cuya presencia ya se habituó, pero eso no elimina la tristeza y el dolor que padeció al enfrentarse con esas pérdidas al componer dichos temas.

El arte y lo bello no siempre vienen de emociones sublimes típicas de relatos pastorales; los temas que más nos marcan, los que profundizan y se arraigan en nuestro ser casi siempre derivan de los dolores más horrorosos.