Heder el boca floja (o la esperada vileza de la ignorancia)

Heder el boca floja (o la esperada vileza de la ignorancia)

El Música

Aguascalientes, Ags.- ¡Estás viendo y no ves! Para tener la lengua larga, hay que tener la cola muy corta. Por la boca muere el pez.

Los adagios populares son sabiduría, sapiencia plasmada en metáforas sencillas pero contundentes, algo de lo que carece el expanista y exaviador del Ayutamiento de Calvillo, el diputado más burro, zángano y pusilánime de la LXIV Legislatura, el hoy morenista (mañana no sabemos en dónde va a militar o si soñará en algún momento con crear su propio partido), Heder Guzmán Espejel.

Contrario a la moralidad y los principios ideológicos que pregona “su partido”, como la honestidad, la congruencia, la transparencia y humildad, el ingenuo militante de Morena que soñaba con ser el abanderado de su partido a la presidencia municipal, a pesar de no contar con trayectoria política, y de una gris e incipiente participación en el Congreso del Estado (no ha presentado una sola iniciativa según consta en el propio portal del Congreso), cobraba hasta hace unos tres años, en la nómina de la Secretaría de Desarrollo Social del municipio calvillense, sin presentarse jamás a laborar en dicho municipio. Documentos en manos de este medio, así lo dejan bien asentado.

Además de la ambición, avaricia, soberbia, ignorancia ¿Cuál sería la gracia de este sujeto que se desgarra las vestiduras acusando bravamente de corrupción, para luego retractarse cuando lo confrontan y le toman la palabra para debatir?

Y sus aires de protagonismo cuando durante los debates en el Congreso critica ferozmente al gobierno estatal y a la hora de votar ¡ Se abstiene !

Así, Heder Pedro Guzmán Espejel, como el burro que tocó la flauta, tuvo la suerte de ser diputado, uno muy sombrío que en lugar de legislar, tristemente para sus compañeros que sí trabajan, solo robustece la pésima imagen que los ciudadanos tienen de los legisladores, al irse de hocico y morderse la lengua cuando señala de corrupción a otros sin probar sus dichos, y le robaba al pueblo con su cómoda aviaduría. ¡Bravo!